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Yo tengo dos cerebros...y tú también!

¿Alguna vez has escuchado que las personas tenemos dos cerebros? Todos conocemos al cerebro común, pero hay un segundo cerebro en nuestro cuerpo y no lo apreciamos o no lo sabemos. Hablo del ESTÓMAGO. Funcionalmente se puede decir que almacena y procesa los alimentos y nutrientes consumidos. Básicamente sirve para acabar de transformar el bolo alimenticio en una papilla. Pero, ¿Sabías que en el estómago se encuentran en torno a 100 millones de neuronas? Es por eso que a lo mejor habrás escuchado que tenías dos cerebros…

Puede que alguna vez hayas sentido esos ruidos y retortijones que nos hace la barriga cuando tenemos mucha hambre, y seguramente también habrás vivido ese sentimiento después de comer en una comida familiar de que necesitas 24h de soufing. Estos sentimientos provienen de unas hormonas que son secretadas por el estómago. Estas hormonas son percibidas por nuestro cerebro común y dependiendo de qué hormona se encuentre, es cuando recibimos la información de: chica, para de comer, vas a explotar o bien te dice: por favor, dame comida.

Vamos a hablar un poco de estas hormonas. Os presento a la Ghrelina y a la Leptina. La Ghrelina es la llamada “hormona del hambre”, donde los niveles circulantes aumentan antes de las comidas y disminuyen tras la ingesta de alimento. La Leptina es la llamada “hormona de la saciedad”, disminuye antes de las comidas y aumenta justo después.

Total, que estas hormonas regulan el hambre y por lo tanto el peso corporal!

Estas hormonas no deberían dispararse en sangre, es decir, ni deberías tener nunca la sensación de querer comer tipo “atracón” ni deberías tener nunca la sensación de que has comido tanto que vas a explotar. Estas hormonas pueden regularse y moldearse en cierta manera sólo gracias a nuestros hábitos alimenticios. Os presento algunos trucos para que no tengas ganas de comerte tu plato y el de tu vecino ni tampoco tengas ganas de quedarte en la cama cien horas para hacer la digestión.

Los 4 trucos para controlar a estas hormonas y regular nuestro peso corporal!

  • Si uno hace 5 comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena, la hormona de la Ghrelina no se dispara en sangre y por lo tanto evitaremos comer con ansiedad, rápido y sin pensar en lo que estamos comiendo. Por lo tanto en cierta medida hacer las 5 comidas al día nos permite mantener un peso saludable. Recuerda que uno debería tener hambre cada 4h aproximadamente de la última comida… si tienes hambre antes es que no has hecho una comida del todo correcta…

  • Las 5 comidas al día deben ser equilibradas y saludables! Cuando ingerimos comida de alto valor biológico, la hormona del hambre no va a subir en sangre hasta que no sea el momento adecuado. En cambio, si comemos comida tipo fast food, bollería o productos muy procesados, su calidad nutricional es mínima, por lo que tendrás otra vez hambre en poco rato.

  • Comer despacio! Se ha comprobado científicamente que el comer rápido engorda. ¿Por qué? Comer con ansiedad, no deja tiempo al cuerpo para que secrete la hormona de la saciedad, y por lo tanto podrás comer muuucho más de lo normal ya que no te sentirás saciado hasta al cabo de bastante rato. Por lo tanto, come despacio! Aproximadamente deberías tardar en las comidas y cenas unos 25 minutos!

  • El agua! Un plan para intentar calmar el hambre cuando uno tiene la Ghrelina llamando a la puerta, es tomar 2 vasos llenos de agua 15’-20’ antes de las comidas. Si el agua puede ser tibia/caliente mejor. Esto permite llegar a la comida con menos ansiedad y de esta manera controlar lo que comemos.

En fin, os he dejado unos truquillos muy sencillos para intentar moldear estas hormonas que a veces nos tienen un poquito loquitos. Quiero añadir que, si has decidido cambiar tus hábitos alimenticios a una alimentación saludable, al principio, cuando el cambio de hábitos es muy radical y tu cuerpo está acostumbrado a ingerir muchas más calorías, la Ghrelina te estará llamando por tu nombre mil veces al día. Al principio será difícil ignorar sus gritos, pero después dejará de llamarte por tu nombre, ya que la cuestión es educar a nuestro segundo cerebro, y se puede. Educa a tu cuerpo, educa tus hábitos.


 
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